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| Magallanes y el Niño en el desfile |
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| Mujer del Rajá- Reina Dª Juana |
Es increíble la concentración de gentes en las calles y plazas. Hay cientos de kioskos de comida para tomarse en las mesas y sillas organizadas para ello. Reuniones de amigos, de familiares que se juntan para el evento, permaneciendo en la calle, disfrutando del desfile e incluso durmiendo en tiendas de campaña que montan en las zonas verdes del área central.
Curioso me resultó la comida callejera con sus múltiples stands que ofrecen variedad de viandas. En todos estos lugares al aire libre, no se vendía alcohol; de hecho, no vimos gente ebria, ni suciedad por las calles, a pesar del gentío. Esto nos sorprendió al comparar una festividad de este tipo con lo que supondría en cualquier lugar de España.
El desfile nos resultó interesante, durando todo un día entero. El desfile por las calles congregaba a montones de gente que esperaban pacientemente ver las diferentes comparsas, carrozas, músicos, vestimentas, famosos, etc. Nosotros lo asemejamos mucho al carnaval canario en el que los participantes de cada comparsa comparten vestimenta y van bailando al ritmo de la música. El Niño Jesús encabeza cada una de ellas, seguido de los participantes bailando, la carroza y cerrando los músicos.
La música era siempre la misma, desde que aterrizamos en Cebu, la calle de nuestro hostel, la melodía de la calle, todos tocaban la misma canción, con tambores, bombos, xilófonos y metalófonos. En algunas carrozas iban famosos del país que iban saludando desde lo alto al público, mientras que éste se entusiasmaba con ellos, gritaba y alzaba las manos mostrando su alegría al verles.
Los filipinos son muy religiosos, católicos; durante el Sinulog se celebran Eucaristías continuamente, cada hora, incluidas la noches. Es tal la cantidad de gente que acude, que ponen pantallas grandes en las calles para que se pueda seguir la celebración desde fuera. Y esto durante toda la noche y el día grande.
Curiosidades:
* Encontrar un grab, similar a un Uber, fue una tarea ardua, de manera que en varias ocasiones tuvimos que coger mototaxi. La primera vez, cogimos tres motos y el motorista que me llevaba a mi me dejó cerca del lugar acordado para reunirnos, pero no en el lugar exacto, queriendo que le pagara las tres motos. Me costó un rato encontrar a Luis y Ricardo, pero finalmente lo conseguí. Un pequeño susto que duró un ratín. La vuelta al hotel fue increíble por el cisco de tráfico que había, pero volvimos las tres motos juntas, pendientes unos de otros. Habíamos escarmentado ya en la primera vez.
*En la calle de nuestro hostel, había un 7-eleven, que son tiendas alrededor de las cuales se reúnen los jóvenes. La calle no tenía salida y la música repetitiva del Sinulog, el ruido de motos y coches además del gentío era el ambiente que había desde el mismo momento de nuestra llegada. Había que llegar cansado para poder conciliar el sueño con semejante jaleo.
Tras esta entrada tan agitada en Filipinas, cambiamos de ritmo para ir a Siquijor, una isla mucho más tranquila. Nos vino muy bien este cambio de ritmo.
Muestro unas cuantas fotos de lo visto y vivido en el Sinulog de Cebu.
Muestro unas cuantas fotos de lo visto y vivido en el Sinulog de Cebu.
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| Comida callejera |
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| Comida callejera |
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| Comida pedida |
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| Menú |
SIQUIJOR fue nuestro segundo destino. Llegamos con ganas de tranquilidad y descanso tras el jaleo de Cebú.
Es una isla más auténtica, en cuanto que recibe pocos turistas. Un tuc-tuc nos llevó del aeropuerto al hotel, donde nos acomodamos los tres, en Playa de San Juan. Nada más llegar y haciendo tiempo para que nos dieran las habitaciones, nos fuimos a desayunar a un café cercano, en el mismo santuario marino de Tubod. Tardaron en servirnos, pero tomamos pancakes, tortilla, café con leche..... y en ese entorno y con el sosiego que se respiraba disfrutamos de un rato muy agradable.
Ricardo contrató en ese mismo sitio, una inmersión de buceo, así que pudo disfrutar del mar desde el primer momento; mientras, nosotros paseamos por el pueblo, buscando algunos enseres. Al terminar la inmersión, nos enteramos de que durante los tres días siguientes no se podía entrar en el Santuario, porque era momento de desove. Con este motivo, Luis y yo no pudimos hacer snorkel ya en esta zona.
Ricardo contrató en ese mismo sitio, una inmersión de buceo, así que pudo disfrutar del mar desde el primer momento; mientras, nosotros paseamos por el pueblo, buscando algunos enseres. Al terminar la inmersión, nos enteramos de que durante los tres días siguientes no se podía entrar en el Santuario, porque era momento de desove. Con este motivo, Luis y yo no pudimos hacer snorkel ya en esta zona.
El alojamiento que teníamos, Stella Guesthouse, era muy básico, estaba cerca de muchos restaurantes y la chica que atendía la recepción fue un encanto. Siempre sonriente y ayudando en todas nuestras dudas. Lo peor fue que estaban ampliando y haciendo obras, por lo que por la mañana temprano ya había ruido.
Alquilamos dos motos en el mismo Guesthouse, esta vez sin conductor, para recorrer la isla el día siguiente. Yo fui con Ricardo y Luis solo. Nuestra primera parada fue en Cabusgsayan Falls. Hay que pagar la entrada el parking y guía para acceder y de esta manera bajamos por un sendero hasta llegar al salto. Allí disfrutamos del agua dulce y de una pequeña liana a la que sujetarse para tirarse al agua. ¡Fue una gozada! Ricardo y yo no dudamos ni un momento en probar la experiencia y nos gustó, así que repetimos varias veces. Luis no se animó ante la recomendación de sanidad de tener cuidado con los baños en las aguas dulces de Filipinas. También disponían de una pequeña balsa echa con troncos en la que se podía dar un pequeño paseo. Un comienzo de jornada muy refrescante y agradable. Continuamos y fuimos parando en algunos puntos, a comer, hasta llegar al Santuario Marino de Tulapos, en la parte norte de la isla. Allí hicimos snorkel los tres. Al ser reserva, hay que ir con guía, y además con normas estrictas, un guía por cada dos personas. De esta manera, nos fuimos adentrando poco a poco, nosotros tres más dos guias, hacia la zona de corales y peces. La transparencia del agua es una maravilla; vimos algún tiburón pequeño, alguna tortuga y multitud de peces de colores alrededor de los arrecifes. Al ser santuarios, es obligatorio pagar las tasas de medio ambiente, el parking de las motos, así como los guías, siendo un total muy asequible de 12€. Por supuesto, todo esto siempre en cash. Esta vez fuimos afortunados porque en esta zona, comenzaba el desove al día siguiente y se cerraba la posibilidad de acceder durante los tres siguientes días.
Continuamos el recorrido por la isla, parando al final del día en el pueblo de San Juan, en la zona más habitada. Había cerca una piscina y una captación de agua dulce, a modo de gran pilón, donde las muchachas van a reunirse y lavarse. Cerca y de cara al mar, tomamos unas cervezas y unos cacahuetes, viendo la puesta de sol. Al anochecer dejamos las motos y fuimos en busca de restaurante para cenar. Llevábamos ya una lista marcada en maps con distintas posibilidades, preparada con anterioridad por Luis.
Una cosa muy curiosa de Siquijor y de todos las islas que hemos visitado es que el agua potable se surte con dispensadores de agua y garrafas, que van reponiendo continuamente y es gratis. Ellos también beben de este agua y se ve que hay almacenamiento y repartidores por todas partes. Nosotros rellenábamos nuestras botellas continuamente. El agua de grifo solo se utilizaba para ducha y limpieza.
Toca cambio de isla; esta vez cogimos barco para dirigirnos a Panglao y Bohol, donde nos quedamos 4 días, y que cuento a continuación. Ahora muestro fotos de la isla de Siquijor.
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| Tulapos Marine Sanctuary |
seguida nos dirigimos hacia la playa de Alona donde visitamos los distintos centros de buceo y snorkel para contratar los tours. De este modo, contratamos para el día siguiente la visita a la isla de Balicasag, paraíso del buceo de la zona. La mayoría de los turistas del barco, como Ricardo, hicieron buceo, organizados con un guía por cada tres personas y solo tres nos quedamos para hacer snorkel. Los buceadores llegaron encantados de la primera inmersión.
El mar tenía bastante movimiento y los lugares elegidos eran profundos. Yo estuve mareada casi desde el principio y, aunque sí hice snorkel, no disfruté nada del día. La segunda inmersión fue en otro lugar de las cercanías de Balicasag; aunque el cuerpo me pedía quedarme en el barco, me recomendaron seguir con la actividad. Eso hice, pero cada vez que asomaba la cabeza para ver donde estaban mi guía y Luis, la sensación no era buena. Estaba deseando volver a tierra firme, así que cuando nos dieron la posibilidad de regresar sin hacer la tercera inmersión, Luis y yo nos volvimos. Ricardo disfrutó de las tres, aunque al parecer, la última no fue tan bonita como las otras dos. Otro de los tour que había preparado Luis era un recorrido por la isla de Bohol. Incluso ya había hablado con un taxista concertando recorrido y precio. Fue contactar con él y realizar la excursión el día siguiente, un recorrido con varias paradas que cuento a continuación.
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| Cascada |
La primera en la cascada de Kawasan Falls, en esta ocasión sin baño. La siguiente en el Philippine Tarsier Sanctuary donde pudimos hacer un corto recorrido acompañados de un guía que nos mostraba distintos monitos Tarsier que dormitaban en las ramas de los árboles. Que curiosos; son muy pequeños, como la palma de una mano, con unos ojos saltones que ocupan casi toda la cara; son nocturnos, así que están descansando por el día. Ahí compré un imán de mono Tarsier para mi nevera. La tercera parada fue en Chocolate Hills Complex, una curiosa formación de colinas redondeadas, que creaban un paisaje muy curioso. Desde lo alto de un mirador, se podía contemplar estupendamente toda la extensión de estas colinas. Llegando la hora de comer, la planificación se cumplió y llegamos al Rio Loboc, para tomar un "crucero" donde comeríamos, podríamos disfrutar del paisaje y de algunas actuaciones folklóricas que nos mostraron en alguna de las paradas a lo largo del recorrido. La comida fue estupenda, el ambiente muy tranquilo y los espectáculos del folklore local muy atractivos. Una experiencia muy agradable. Terminamos el día visitando la Iglesia Parroquial de la Purísima, que es la única iglesia antigua de la época colonial española de la isla. Fue un antiguo convento del que queda solo la iglesia. De vuelta al hotel de Panglao paramos en el monumento Blood Compact Shrine; es una conmemoración del pacto de amistad "unión de sangre" entre Legazpi y el jefe boholano de 1565.
Fue un día estupendo, en el que pudimos visitar todo lo planificado. Lo peor fue que el conductor estaba enfermo y al final del día yo me sentía también mal, por lo que el día siguiente lo pasé en la cama del hotel reponiéndome, suerte que estaba previsto un día de descanso. Mientras, ese día, Ricardo contrató otro tour de buceo a Pamilacan Island con otras tres inmersiones, de las que comentó que estuvieron bien, pero nada que ver con la de Balicasag. Al parecer, también la primera empresa fue mucho mejor que la segunda, tanto en el material como en el avituallamiento.
Ya repuesta del todo, teníamos un día más para dedicarlo tranquilamente a lo que nos interesara. Fuimos a Napaling Reef donde está otro santuario de snorkel muy conocido.
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| Complejo en Napaling |
Igual que otras veces teníamos que introducirnos en la zona con guía que nos acompañaba durante los 45 minutos de la inmersión. Desde la parte alta del centro de snorkel podíamos ver gran cantidad de gente con tubo y gafas en una zona perfectamente acotada por boyas y mallas. Me pareció que estaba muy saturado, pero por supuesto en cuanto contamos con el guía bajamos por las escaleras y, entre rocas, nos metimos agua. El mar estaba revueltillo, así que la entrada y sobre todo la salida no fue precisamente cómoda ni tranquila, pues las olas te empujaban hacia las rocas. El santuario era precioso, con gran cantidad de pececillos, estrellas y corales. Pronto empezó a desparecer la gente y al cabo de un rato, nuestro guía no indicó que debíamos salir pues el mar se estaba poniendo bravo. Así que con algo de ayuda, conseguimos alcanzar de nuevo las escaleras que nos subían a la zona del centro donde había duchas y vestuarios, lo cual es de agradecer. Allí, dedicamos un rato a descansar, tomar una cerveza y disfrutar de las vistas, hasta que volvimos de nuevo a Panglao.
No he hablado de Panglao prácticamente nada. Es el centro turístico por la playa de Alona y las zonas de buceo. Esto atrae a turistas de todo el mundo. Había una gran concentración no solo de occidentales, sino también de coreanos y otros asiáticos. Toda la zona cercana a Alona Beach está repleta de bares, restaurantes, tiendas y gentío. Afortunadamente nuestro hotel y el de Ricardo estaban a 5 minutos andando de la zona más comercial, nosotros teníamos piscina y Ricardo cocina; el área era muy tranquila. Es curioso, como en el momento que uno se aleja de la zona central, las calles van perdiendo el asfalto y se van estrechando, convirtiéndose en caminos poco ilumuinados flanqueados por una vegetación exuberante y cuando llueve se llenan de charcos, hay hoteles, resorts y tienditas en cualquier callejón del que en un principio parecía imposible hubiera nada. Sin embargo, esto fue el encanto de la zona, ver cómo es el hábitat de los filipinos, cómo viven y se mueven, a pesar de que en Panglao, casi todo gira alrededor del turismo.
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| Alona Beach |
Al día siguiente pronto en la mañana, nos recogió un taxi que nos llevó al aeropuerto para llegar a El Nido, pero esto será ya en otra entrada.
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